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Artículo actualizado por última vez el 8 de junio de 2026.Contenido revisado y corregido

En lo más profundo de nuestro ser, cada persona posee una base energética sutil, una presencia espiritual que, en última instancia, representa nuestro verdadero e imperecedero ser. No existe un solo ser vivo en la Tierra que no posea alma, pues el alma es la estructura de alta vibración y energía luminosa que nos define. Estas son las verdades que verdaderamente nos dan vida y nos infunden espíritu. Son también las que nos aseguran tener una buena esencia interior y actuar movidos por el amor. Y esta sutil verdad, por sorprendente que parezca, incluso puede medirse y cuantificarse.

Cielo estrellado Violeta profundo Cuando una persona realiza una buena acción, logra algo con intención amorosa, dicha acción siempre puede rastrearse hasta su mente espiritual, hasta esa parte de nosotros también llamada el verdadero ser. En lo más profundo, una persona está compuesta de estados energéticos, de campos sutiles, y la materia misma no es más que energía condensada, una proyección mental de la conciencia. Quienes comprenden esto se dan cuenta de que incluso nuestra alma, aunque de naturaleza sutil, deja una huella medible en el mundo material. La ciencia ha abordado repetidamente esta misma cuestión y, al hacerlo, ha descubierto hallazgos notables.

El peso de la base de energía sutil

Esta cuestión ha sido explorada por una amplia gama de investigadores y filósofos. El experimento realizado por el médico Dr. Duncan MacDougall, quien a principios del siglo XX pesó a personas moribundas en una balanza de alta precisión, se hizo particularmente conocido. En el momento de la muerte, observó una pérdida de peso repentina e inexplicable de aproximadamente veintiún gramos. Este valor, de alrededor de veintiún gramos, pasó a la historia como el legendario peso del alma y continúa fascinando a la gente hasta el día de hoy. En los animales, sin embargo, cuyas almas operan en un plano vibracional diferente, esta pérdida de peso repentina no pudo observarse de la misma manera, lo que solo subraya el estatus especial del espíritu humano. Lo que se reveló aquí no es otra cosa que el momento en que el fundamento sutil, nuestra alma, abandona el cuerpo físico y transita a un plano vibracional superior del ser. El cuerpo, ahora sin su núcleo espiritual animador, se vuelve, en efecto, más ligero en ese momento.

El fenómeno de la pérdida de peso nocturna

Un fenómeno igualmente fascinante ocurre durante el sueño. En observaciones correspondientes, algunas personas perdieron sistemáticamente hasta 600 gramos de peso durante un período prolongado, precisamente durante aquellas fases en las que su mente abandonaba su cuerpo durante el sueño. En el momento en que despertaban, el peso se recuperaba instantáneamente. Este fenómeno se atribuye a una disminución temporal de los propios campos energéticos. Nuestra alma y espíritu abandonan el cuerpo durante el sueño, de forma similar a lo que ocurre durante el sueño. viaje astralAbandonan el cuerpo durante un tiempo y regresan a él abruptamente al despertar. Lo que la ciencia considera un misterio inexplicable es, desde una perspectiva energética, un proceso perfectamente lógico, ya que el reino sutil sin duda influye en el plano físico. Esto confirma profundamente lo que las antiguas enseñanzas de sabiduría siempre han sabido: que nuestro espíritu no está ligado al cuerpo, sino que puede separarse libremente de él, mientras el cuerpo permanece en perfecto reposo, esperando su regreso.

Aura, energía e información

El alma, sin embargo, es mucho más que un peso mensurable, pues nos rodea y nos impregna como un campo energético sutil que llamamos aura. Esta aura es un campo vibracional vivo que brilla en una amplia gama de colores y refleja nuestro estado interior. Además, almacena una inmensa cantidad de información, ya que cada experiencia, cada pensamiento y cada emoción quedan impresos en nuestro campo energético. Así, llevamos dentro de nosotros la suma de todas nuestras experiencias, incluso la esencia de nuestras vidas pasadas, como información sutil. Energía, información y conciencia están inextricablemente entrelazadas, y es precisamente de esta interacción que se forma lo que llamamos nuestro ser. Las personas sensibles pueden incluso percibir este campo, ya sea como color, calor o una sutil sensación del aura de otra persona, y las técnicas de medición altamente sofisticadas ahora incluso permiten visualizar el aura. Quienes deseen aprender más sobre cómo nuestro propio campo moldea nuestra realidad encontrarán información detallada en nuestro artículo sobre el tema. los creadores de nuestra propia realidad son.

Lo que lo mensurable nos revela sobre lo inmortal

Todas estas observaciones no son meras curiosidades, sino confirmaciones silenciosas de una profunda verdad: los seres humanos nunca son solo cuerpos físicos de carne y hueso, sino que en su esencia son seres sutiles y espirituales. El hecho de que este ser se separe del cuerpo como un peso cuantificable en el momento de la muerte demuestra con absoluta claridad que nuestra alma es real, que posee su propia sustancia y que perdura más allá del cuerpo. La muerte, por lo tanto, no nos arrebata nada de nuestro verdadero ser; simplemente libera nuestra esencia sutil de su envoltura material. Lo que permanece es lo imperecedero en nuestro interior, que ahora trasciende a una frecuencia superior y más luminosa. Así, la aparentemente mundana cuestión del peso se transforma en una reconfortante certeza, pues nos muestra que la esencia de nuestro ser jamás se pierde.

palabras de cierre

La cuestión del peso del alma nos lleva, pues, a una de las certezas más hermosas: que el reino sutil es real y que somos mucho más de lo que el ojo puede percibir. Nuestra alma, nuestra aura y el conocimiento que alberga son la verdadera esencia de nuestro ser, inmortal y luminosa. Todo comienza siempre en nuestro interior, en nuestro espíritu; nunca lo olvides. Con esto en mente, mantente sano, satisfecho y vive en armonía. 🙂

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Todas las realidades están integradas en el Ser sagrado de cada uno. El Ser es el fundamento divino, la fuente, el camino, la verdad y la vida. Todo es uno, y uno es todo. – ¡La más elevada autoimagen!

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