Lo grande se refleja en lo pequeño, y lo pequeño a su vez en lo grande. Esta verdad profunda y atemporal emana de la ley hermética universal de la correspondencia y describe la estructura completa de nuestra existencia, desde lo más pequeño hasta lo más grande, pues en ella el macrocosmos se refleja plenamente en el microcosmos, y viceversa. Simultáneamente en el macrocosmos. Ambos planos de existencia son idénticos en su composición estructural hasta el más mínimo detalle, pues toda la creación se forma según un mismo plan sagrado.

Como arriba, así abajo; como adentro, así afuera.
Este principio universal ineludible se manifiesta en todos los niveles de existencia. Macrocosmos y microcosmos son dos niveles que, a pesar de sus diferentes escalas, exhiben estructuras y estados similares. Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba. Como es adentro, es afuera; como es afuera, es adentro. Como en lo grande, es en lo pequeño. Por esta razón, toda la existencia se refleja tanto en escalas menores como mayores. Ya sea el microcosmos, con sus átomos, electrones, quarks, células y bacterias, o el macrocosmos, con sus universos, galaxias, sistemas solares y planetas: todo es similar en su composición estructural, y la única diferencia radica en la escala. Esta misma comprensión también constituye el núcleo de geometría fractal de la naturaleza, en el que un mismo patrón continúa hasta el infinito.
Sistemas diferentes con una estructura similar

La naturaleza de la fractalidad
Es precisamente aquí donde se manifiesta la fascinante propiedad de la fractalidad: la propiedad de la energía y la materia de expresarse siempre en las mismas formas y patrones en todos los niveles de existencia. La apariencia y la estructura de nuestro universo se reflejan directamente en el microcosmos. Una célula de nuestro cerebro, por ejemplo, se asemeja notablemente al universo vista desde la distancia, razón por la cual podríamos concluir que el universo es, en última instancia, una célula que nos parece gigantesca, representando parte de un todo mucho mayor que nos resulta casi imposible de comprender. El nacimiento de una célula, a su vez, se asemeja mucho a la muerte de una estrella en su apariencia externa, y nuestro iris presenta sorprendentes similitudes con una nebulosa planetaria. Dondequiera que miremos, encontramos el mismo patrón primordial perfecto que la Fuente ha tejido en cada nivel de la creación.
El hombre como espejo del universo

palabras de cierre
Debido al principio hermético de correspondencia, toda la creación se refleja tanto a gran como a pequeña escala. Todo lo que existe constituye un universo único, o mejor dicho, innumerables universos fascinantes que, a pesar de sus expresiones creativas individuales, presentan notables similitudes en su composición estructural. Al aceptar esta verdad, comprendemos que nunca estamos separados, ni de lo más pequeño ni de lo más grande, sino que somos parte viva e inseparable de un todo único y omniabarcable.
Todo siempre comienza dentro de nosotros, en nuestra mente; nunca lo olvides. Con esto en mente, mantente sano, feliz y vive una vida en armonía. 🙂



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Gracias por esta comparación, ¡así es exactamente como yo lo veo!
Saludos cordiales
Daniel