En lo más profundo de nuestro ser reside una faceta que emerge cada vez que generamos negatividad de cualquier tipo; es decir, cuando juzgamos a los demás, nos comparamos con ellos, sentimos envidia o celos, y deseamos desesperadamente tener razón. Esta faceta se conoce comúnmente como el ego, y es responsable de que, dentro de nuestra propia esfera... Surgen estados energéticamente densos. Pero dejemos claro desde el principio lo crucial: el ego no es en absoluto nuestro enemigo, sino una parte perfectamente sensible de nosotros, cuyos aspectos, nacidos del miedo y la carencia, simplemente desean ser purificados (es decir, limpiados y llevados a la luz con amor), pero nunca combatidos ni extinguidos.
El ego no es el enemigo

Cómo surge la densidad de energía
Todo lo que existe consiste, en su esencia, en pura consciencia, que no es otra cosa que energía. Esta consciencia tiene la capacidad de condensarse o evaporarse, dependiendo enteramente de la calidad de nuestros pensamientos y acciones. Si generamos negatividad —es decir, celos, codicia, juicio o resentimiento— producimos densidad energética y, por lo tanto, inevitablemente disminuimos nuestro nivel vibracional. Todo lo que daña nuestra existencia y reduce nuestra frecuencia se atribuye, en última instancia, a la generación de dicha densidad. Dado que la ley de resonancia está en funcionamiento (como es adentro, es afuera), nuestra realidad externa se forma fielmente de acuerdo con estos estados internos. Por ejemplo, alguien que se deja dominar por los celos durante mucho tiempo prácticamente atrae el escenario temido a su vida a través de su constante pensamiento sobre él, porque la mente siempre gobierna sobre la materia.
El enraizamiento profundo de las partes densas

La justificación significativa del ego
Por mucho que estos aspectos complejos nos desafíen, no debemos demonizar al ego, pues posee un propósito significativo. Es a través del ego que se nos brinda la posibilidad de experimentar vivencias duales y energéticamente densas. Sin este aspecto, jamás podríamos estudiar ambas caras de la moneda y permaneceríamos limitados a experiencias unilaterales. Debemos experimentar el lado negativo de un aspecto para aprender a apreciar el polo positivo en toda su profundidad. Quien ha sentido verdaderamente el confinamiento sabe valorar aún más la libertad, y quien ha experimentado la carencia reconoce el verdadero valor de la abundancia. El ego es, por lo tanto, un valioso maestro en nuestro camino, que nos permite comprender el principio dualista de la vida para que, en última instancia, podamos elegir conscientemente la luz y el amor.
El camino de la purificación amorosa

palabras de cierre
En definitiva, no se trata de borrar una parte de nosotros mismos, sino de ver a través de nuestro ser en su totalidad y traerlo suavemente a la luz. El ego es una herramienta de la experiencia, y solo cuando purificamos sus densas sombras nacidas del miedo regresamos gradualmente a nuestra naturaleza original y luminosa. Todo siempre comienza dentro de nosotros, en nuestro espíritu; nunca lo olvides. Con esto en mente, mantente sano, satisfecho y vive una vida en armonía. 🙂

