¿Quién de nosotros no se ha preguntado alguna vez cómo sería ser inmortal, para luego descartar rápidamente la idea por la sensación de que es inalcanzable? Solemos dar por sentado desde el principio que tal estado es inalcanzable para nosotros, que es pura ficción. Sería una insensatez siquiera contemplarlo. Y, sin embargo, la inmortalidad es el santo grial de la creación, un estado primordial profundamente arraigado en la humanidad, hacia el cual nos dirigimos gradualmente en el gran proceso de ascensión.
En verdad, todo lo que podemos imaginar es, en esencia, alcanzable, pues nuestra mente es la fuerza creativa de la que nace toda forma de realidad. Esto incluye el estado de inmortalidad. Sin embargo, este empeño requiere un inmenso grado de conocimiento interior, madurez y autenticidad vivida, y está sujeto a innumerables condiciones que deben cumplirse. Por lo tanto, es el camino más elevado y largo que un ser humano puede recorrer, un camino que se despliega a través de muchas encarnaciones y que no ofrece ninguna promesa de despertar en el futuro. Sin embargo, esto es precisamente lo que lo hace tan sagrado y precioso, pues nos conduce paso a paso de regreso a nuestra naturaleza más original y luminosa, a ese estado que el alma ha conocido desde sus recuerdos más profundos.
Todo en la creación vibra a frecuencias.

La alta frecuencia de la inmortalidad
El estado de inmortalidad presupone una frecuencia vibracional extraordinariamente alta, y ahí reside el verdadero obstáculo. La inmortalidad física es esencialmente un fenómeno que requiere un desbloqueo completo del estado de conciencia, un estado en el que nuestro cuerpo de luz sutil (la Merkaba) está plenamente desarrollado e impregnado de luz. Esto, a su vez, exige un espectro de pensamiento casi totalmente positivo, una mente que descansa en su pureza original, libre de pesadez, miedo y división interna. Una persona que ha alcanzado tal estado posee un nivel vibracional inmensamente alto y, por ello, resuena automáticamente con la frecuencia de la inmortalidad. Por lo tanto, para realizar esta idea, debemos alinear nuestra propia frecuencia con la del objetivo; nos unimos a ella y, así, la llevamos naturalmente a nuestra realidad. No se trata de forzar la inmortalidad, sino de alcanzar el nivel vibracional en el que ya reside.
Alma y ego como dos frecuencias dentro de nosotros

Atraes aquello con lo que conectas.
En última instancia, todo esto surge de alinear nuestra propia frecuencia vibracional con un pensamiento, ya que siempre atraemos a nuestras vidas aquello con lo que resonamos mental y energéticamente. Esta es la verdadera clave para atraer cualquier pensamiento a nuestras vidas y manifestarlo en el mundo físico. Debemos alinear nuestra frecuencia con la frecuencia del escenario imaginado, con la línea de pensamiento correspondiente, porque solo así podremos anclar una idea tan elevada y abstracta en nuestra propia realidad. Quienes deseen profundizar en esta ley encontrarán más información en el conocimiento de... ley de resonancia un compañero preciado. Así, con el tiempo, llegamos a comprender que la inmortalidad no es un mito lejano ni una mera ficción, sino un recuerdo latente en nuestro interior que despierta un poco más con cada aumento de nuestra vibración y se ancla en nuestro ser.
palabras de cierre
El camino hacia la inmortalidad es el camino real de la creación, que nos enseña a elevar continuamente nuestra frecuencia y a convertirnos cada vez más en el ser luminoso que ya somos en nuestra esencia. No tenemos que completarlo hoy, ni siquiera en esta vida, pero cada día podemos dar un pequeño paso hacia él eligiendo conscientemente vibraciones más elevadas y brillantes. Todo siempre comienza dentro de nosotros, en nuestro espíritu; nunca lo olvides. Con esto en mente, mantente sano, satisfecho y vive una vida en armonía. 🙂
