Entre las siete leyes universales que impregnan y guían toda nuestra existencia, el principio de correspondencia (también llamado principio de analogía) ocupa un lugar muy especial, pues se manifiesta en prácticamente cada momento de nuestra vida cotidiana. Cada situación y cada experiencia que vivimos es, en esencia, un espejo. Nuestro mundo interior, es decir, nuestros pensamientos, sentimientos y creencias. Como es arriba, es abajo. Como es adentro, es afuera. Como en el macrocosmos, es en el microcosmos. En las siguientes secciones se explicará qué implica exactamente este poderoso principio y cómo podemos usarlo conscientemente para una vida plena y armoniosa.
Lo grandioso en lo pequeño: microcosmos y macrocosmos

El mundo exterior es un reflejo de nuestro mundo interior.

Nosotros mismos somos responsables de nuestra propia felicidad.
De esta ley de reflexión surge una idea tan liberadora como poderosa: nosotros mismos somos responsables de nuestra felicidad. Si, por ejemplo, nos despierta temprano un vecino cortando el césped, podemos irritarnos y pensar que el día ha empezado mal otra vez, o podemos adoptar una perspectiva diferente y reconocerlo como la oportunidad perfecta para empezar el día con energía. La situación sigue siendo la misma, pero nuestra actitud interior cambia por completo. Del mismo modo, un estado de ánimo bajo afecta a nuestro entorno: si nos falta energía para mantener nuestra casa ordenada, el mundo exterior se adapta a nuestro desorden interior y pronto nos encontramos inmersos en un caos creado por nosotros mismos. Por el contrario, si creamos un ambiente armonioso, este orden externo influye directamente en nuestro estado interior y nuestro bienestar aumenta notablemente. El cambio siempre empieza en nuestro interior, porque cuando cambiamos, nuestro entorno también cambia inevitablemente. No hay un camino hacia la felicidad; ser feliz es el camino.
Cada existencia es un universo único e infinito.
El principio de correspondencia nos revela otra hermosa verdad: todo lo que existe (cada galaxia, cada planeta, cada ser humano, cada animal y cada planta) representa un universo único e infinito. Tan solo en nuestro cuerpo, billones de células y miles de millones de neuronas trabajan juntas en perfecto orden; en otras palabras, nosotros mismos somos un universo ilimitado dentro de otro universo, rodeado de innumerables universos más. Recientemente, volví a experimentar esta revelación profundamente durante un paseo por el bosque: me senté en el tronco de un árbol, contemplé la naturaleza y observé innumerables seres vivos, y ya fueran insectos o árboles, cada criatura irradiaba tanta vida y singularidad que me conmovió profundamente esta complejidad natural. Quienes caminan por la naturaleza con los ojos abiertos reconocen lo grandioso en lo pequeño y lo pequeño en lo grandioso, y ahí reside la silenciosa magia de este principio.
palabras de cierre
El principio de correspondencia nos invita a ver nuestro mundo exterior como un espejo amoroso, que nos muestra en todo momento dónde nos encontramos internamente y qué asuntos aún esperan sanación. En lugar de culpar a las circunstancias o a otras personas por nuestro bienestar, podemos dirigir nuestra mirada hacia adentro y transformar la causa raíz allí. Esto, junto con los demás principios (una descripción general completa se puede encontrar en el artículo), Las 7 leyes universales y su enorme impactoEste principio constituye la base de una vida consciente y autodeterminada como poderosos creadores. Todo siempre comienza dentro de nosotros, en nuestra mente; nunca lo olvides. Con esto en mente, mantente sano, satisfecho y vive una vida en armonía. 🙂


