Todo en la vida de una persona está destinado a ser exactamente como es ahora, porque no existe ningún escenario posible en el que pudiera haber ocurrido algo diferente. Nada, absolutamente nada distinto, podríamos haber experimentado, porque de lo contrario habríamos vivido una etapa completamente diferente de nuestras vidas. Sin embargo, a menudo no estamos satisfechos con nuestra vida actual; nos aferramos sin cesar al pasado, lamentamos muchas acciones y con frecuencia nos sentimos culpables. Estamos insatisfechos con nuestras circunstancias presentes, caemos en un caos mental y nos resulta difícil liberarnos de este ciclo autoimpuesto.
En el presente, todo está en su debido orden.

Aunque en el pasado actuáramos sin beneficiarnos realmente a nosotros mismos ni a los demás, estas situaciones estaban destinadas a desarrollarse. Fueron acontecimientos que solo sirvieron para impulsarnos en nuestro camino, experiencias de las que, en última instancia, solo podíamos aprender. Todo lo que sucede en la vida de una persona nos moldea. Por lo tanto, debemos mirar el pasado con compasión y gratitud, pues fue el terreno fértil en el que creció nuestra madurez actual, y cada experiencia contribuyó a nuestro desarrollo interior.
El pasado solo existe en tus pensamientos.

En tal estado, nos resulta difícil ser felices y disfrutar plenamente del presente, pues nos dejamos paralizar por esta pesadez mental. Sin embargo, el presente es el único lugar donde la vida se desarrolla de verdad, el único punto en el que podemos crear, amar y crecer. Cuanto más aprendemos a descansar en el aquí y ahora, más se abre ante nosotros la plenitud de la vida, pues solo en el momento presente fluye sin obstáculos el poder creativo.
El miedo mental al futuro
Lo mismo ocurre, por supuesto, con el futuro. A menudo, en la vida, nos preocupamos por lo que pueda venir, tememos lo desconocido o nos inquieta que ocurra algo difícil, un acontecimiento que trastoque nuestras vidas. Pero esto también existe solo en nuestra mente. El futuro no existe en el presente; es producto únicamente de nuestra imaginación. En definitiva, solo vivimos en el presente y nos dejamos limitar mentalmente por las sombrías imágenes que creamos del futuro.
Lo verdaderamente significativo es que, mediante la reflexión constante, podemos atraer a nuestras vidas precisamente aquello que tememos. El universo satisface todos nuestros deseos e imágenes, sin distinguir entre ideas supuestamente positivas y negativas. Gracias a la ley de resonancia, nuestra consciencia siempre atrae aquello en lo que se enfoca consistentemente. Por eso es tan beneficioso dirigir conscientemente nuestros pensamientos hacia la confianza, la seguridad y la bondad, en lugar de dejarnos dominar por el miedo, porque aquello que cultivamos en nuestro interior, tarde o temprano lo traemos a nuestra realidad.
Aceptar el presente como la clave del poder creativo

Desde esta perspectiva interior, también tomamos conciencia de que somos los creadores de nuestra propia realidad y que cada momento encierra el potencial de un nuevo comienzo. Este conocimiento está profundamente arraigado en el principio hermético de la mente , que nos enseña que todo surge de la consciencia. Cuando descansamos en el momento presente y confiamos en él, nuestras vidas se sumergen en un orden profundo y sanador, y reconocemos que siempre ha sido exactamente como es. Así, a partir de la simple aceptación de lo que es, se desarrolla gradualmente una profunda confianza primordial en el curso de nuestras vidas, y podemos reconocer que el momento presente siempre nos brinda exactamente lo que nuestra alma necesita para su siguiente paso.
palabras de cierre
Todo siempre comienza dentro de nosotros, en nuestra mente; nunca lo olvides. Con esto en mente, mantente sano, feliz y vive una vida en armonía. 🙂


El escritor Bo Yin Ra nos aconseja confiar en nuestro yo superior, que crea lo que es mejor para nosotros. Nuestra orientación superior siempre nos lleva a donde encajamos y donde nos espera el mayor éxito. De esta manera evitamos jugar con el destino, algo que lamentablemente la mayoría de la gente no puede evitar y, como resultado, no llega a ninguna parte.