Todo lo que ha ocurrido en la inmensidad del universo ha tenido una razón específica, pues nada se deja al azar. Sin embargo, los humanos solemos suponer que las cosas suceden por casualidad, que ciertos encuentros y situaciones en nuestras vidas surgieron pura coincidencia y que no existe una causa profunda para ciertos acontecimientos. Pero el azar no existe; al contrario, todo lo que ha sucedido, sucede y sucederá en la vida de una persona tiene un significado especial, y nada, absolutamente nada, está sujeto a ningún principio de azar.
Esta comprensión transforma por completo nuestra perspectiva de la vida, pues elimina la sensación de ser meros juguetes a merced de un destino indiferente. Si nada surge del azar, entonces tras cada encuentro, cada giro del destino y cada acontecimiento aparentemente insignificante subyace un orden oculto, una delicada red de causa y efecto que lo conecta todo. En este sentido, la vida habla un lenguaje unificador, y en cuanto empezamos a escucharlo, reconocemos que todo lo que nos sucede tiene un significado más profundo y quiere mostrarnos algo esencial en nuestro camino.

La causa de todo efecto son nuestros pensamientos.
Todo lo que nos ha sucedido en la vida, de hecho, toda nuestra vida, se remonta, en última instancia, a nuestros propios pensamientos. La consciencia y los procesos de pensamiento que de ella emanan representan la máxima autoridad en toda la existencia; incluso podríamos llamarlos la autoridad primaria, pues cada acción que hemos realizado y que realizaremos solo puede hacerse realidad gracias al pensamiento de esa acción. El pensamiento siempre precede, y solo a partir de él se desarrolla la acción visible. Por lo tanto, es evidente: la causa de cada efecto en nuestras vidas son siempre nuestros propios pensamientos.
Repasa toda tu vida, cada decisión que has tomado, cada evento que has elegido, todos los caminos que has recorrido. Todos se originaron en tus pensamientos. Te reúnes con un amigo simplemente porque lo pensaste. Sales a caminar solo porque primero imaginaste el paseo y luego lo materializaste. Eso es precisamente lo maravilloso de la vida, porque nos muestra que nunca reaccionamos, sino que creamos constantemente desde nuestro interior.
Cómo encajan en nuestras vidas las ideas aparentemente nuevas

Este hecho nos lleva a una verdad increíblemente liberadora, pues significa que podemos tomar las riendas de nuestro propio destino. Somos libres de elegir cómo moldeamos nuestras vidas presentes y qué hacemos con ellas, ya que, en el sentido más profundo, somos los arquitectos de nuestra propia felicidad. El escenario que creamos, lo que decidimos interiormente, es, en última instancia, precisamente lo que está destinado a suceder, y nada más. Así, todo lo que experimentamos se inserta en un orden significativo que nosotros mismos tejemos con nuestra consciencia.
Un espectro positivo crea una realidad positiva.
Precisamente por esta razón, cultivar un patrón de pensamiento positivo en nuestro interior es sumamente beneficioso para nuestras vidas. Solo así estos pensamientos luminosos pueden dar lugar a una realidad luminosa, una realidad en la que somos conscientes de que no existe el azar, sino que nosotros mismos somos la razón de lo que nos sucede. Quienes alimentan pensamientos de miedo y carencia atraen experiencias correspondientes, mientras que quienes cultivan pensamientos de confianza y amor reciben una respuesta de la vida en esta misma alta vibración. Por lo tanto, vale la pena detenerse conscientemente una y otra vez y examinar con amor nuestra propia orientación interior, pues cada pensamiento es una semilla que germinará tarde o temprano. Este principio está profundamente arraigado en el principio hermético del espíritu.
Cuando reconocemos que cada pensamiento es una semilla creativa, comenzamos a tratar nuestro mundo interior con mayor cuidado. Comprendemos que la vida no nos presenta nada al azar, sino que es un fiel reflejo de nuestra consciencia. Es precisamente aquí donde se hace evidente que somos los creadores de nuestra propia realidad , y que incluso los giros y vueltas aparentemente aleatorios de nuestro camino surgen del taller invisible de nuestra mente. No existe el azar; solo existe la mente expresándose incesantemente en nuestra realidad.
palabras de cierre
Todo siempre comienza dentro de nosotros, en nuestra mente; nunca lo olvides. Con esto en mente, mantente sano, feliz y vive una vida en armonía. 🙂



¡No hay coincidencias, por todo lo que hay! Porque detrás está el plan divino, que es válido para todos los que viven en el universo. Nuestros pensamientos en realidad juegan un papel más bien secundario, ya que tienen connotaciones negativas y sólo se aplican en nuestro mundo de ilusión. Hay un plan positivo para todo. ¡Y por tanto no hay coincidencias!