En nuestros tiempos, el miedo y el odio se avivan deliberadamente desde muchos frentes para restringir nuestro desarrollo espiritual y mantenernos atrapados en un estado de conciencia artificialmente denso y energético. Precisamente por eso es tan importante crear conciencia en este ámbito y arrojar luz sobre estas sombras. para llevarla puesta, de modo que el odio que oscurece los corazones de las personas sea atajado de raíz, antes de que pueda echar raíces profundas en nuestro interior.
Miremos donde miremos, nos topamos con un miedo artificial, ya sea por parte de agencias gubernamentales, medios de comunicación tradicionales o alternativos, o incluso dentro de la propia comunidad, donde la gente lo propaga inconscientemente. Esto no pretende minimizar los sucesos terribles, pues es profundamente doloroso cuando la gente sufre y las familias pierden a sus seres queridos; sin embargo, este mismo dolor jamás debe llenarnos de odio. En tales momentos, se buscan chivos expiatorios con demasiada rapidez y se culpa a grupos enteros, pero quienes observan con atención reconocen que detrás de la división deliberada de las personas, siempre hay un patrón en marcha, uno que solo sirve para sembrar miedo y odio y envenenar las mentes. Una vez que uno comprende este patrón, ya no lo domina tan fácilmente, y comienza a ver los acontecimientos con mayor discernimiento y serenidad. Y esta perspectiva más tranquila es ya el primer paso para liberarse del miedo, porque lo que comprendemos pierde instantáneamente su poder sobre nuestro interior.
El verdadero problema es el miedo.

La paz siempre comienza en nuestro interior.
Un principio rector maravilloso resume esta verdad: no hay camino hacia la paz; la paz misma es el camino. La paz siempre nace en el interior de la persona y luego irradia hacia el mundo, nunca al revés. Por lo tanto, si deseamos acabar con la esclavitud espiritual de la humanidad, difundamos el amor por todo el mundo, pues el amor es precisamente la fuerza que más temen las estructuras oscuras. De la paz interior surge la veracidad, y esta veracidad despierta gradualmente nuestro verdadero ser, de modo que ya no formamos parte del viejo juego del miedo y la división, sino que nos convertimos en un punto de quietud en medio del caos.
Incluso los descarriados merecen compasión.

El amor y la verdad como fundamento de la vida
Nunca somos demasiado pequeños para marcar la diferencia, pues la paz interior, el amor y la verdad son el fundamento de la vida, que debemos reafirmar en nuestra consciencia. De esta base mental positiva surge un entorno, una realidad colectiva, inspirada por la paz, ya que todos nuestros pensamientos y sentimientos fluyen incesantemente hacia la consciencia colectiva y contribuyen a moldearla. Si nos enfocamos conscientemente en el amor y la paz en nuestra mente, contribuimos directamente al desmantelamiento de las viejas estructuras, pues estas solo persisten mientras las masas las sigan. Permitamos, pues, que el miedo y la ira se disipen suavemente y demos a nuestros corazones ese amor que, por sí solo, es capaz de transformar el mundo desde dentro. Cada pensamiento amoroso que cultivamos en nuestro interior es como una semilla que germina en el campo colectivo y puede tener un efecto mucho más allá de nuestras propias vidas, a menudo de maneras que aún no comprendemos.
palabras de cierre
El odio oscurece los corazones, pero el amor puede reavivar su luz, y ahí reside nuestro verdadero poder. Por lo tanto, no permitamos que el miedo que se ha despertado nos domine, sino que, conscientemente, nos convirtamos en embajadores de la paz, llevando con serenidad y firmeza nuestra luz interior al mundo. Solo cuando nos sanamos a nosotros mismos sanamos al mundo, y así cada corazón amoroso se convierte en un pequeño faro en el vasto campo colectivo. Todo siempre comienza dentro de nosotros, en nuestro espíritu; nunca lo olvides. Con esto en mente, mantente sano, satisfecho y vive una vida en armonía. 🙂


