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Artículo actualizado por última vez el 8 de junio de 2026.Contenido revisado y corregido

El universo es uno de los lugares más fascinantes y misteriosos que podemos imaginar, pues con su número casi infinito de galaxias, sistemas solares y planetas, es uno de los cosmos más grandes y desconocidos jamás revelados a nuestras mentes. Desde sus inicios, esta vasta red ha sido objeto de especulación filosófica, y lo sigue siendo. Planteémonos las grandes preguntas sobre el origen, la magnitud y la esencia más profunda de todo ser.


¿Desde cuándo existe el universo? ¿Cómo se originó? ¿Es finito o infinito? ¿Qué se esconde en el espacio supuestamente vacío entre los sistemas estelares? ¿Acaso esta vasta oscuridad no está vacía? Y si no, ¿qué la llena? Precisamente estas son las preguntas que ahora queremos abordar, y descubriremos que la respuesta no reside en el mundo exterior distante, sino en ese fundamento primordial que también habita en nuestro interior. Porque quien desee comprender el origen del universo debe primero comprender la naturaleza de la conciencia.

El universo energético

Una vasta galaxia con nebulosas como símbolo del universo energético. Para comprender el universo en su totalidad, debemos adentrarnos profundamente en el reino sutil de este mundo. En lo más profundo de cada estado material, solo prevalecen los mecanismos energéticos, pues todo lo que existe consiste, en su esencia, en energía vibrante. Este universo energético, este fundamento primordial de conciencia pura, jamás fue creado por nadie; más bien, siempre ha existido y seguirá existiendo por toda la eternidad, sosteniéndose y creándose continuamente desde su interior. No hay poder superior a la conciencia, pues la conciencia misma es la realidad más elevada y primordial. Descansa en sí misma, respira en sí misma, y ​​de ella fluye incesantemente todo lo que fue, es y será. Así, el espacio aparentemente vacío entre las estrellas está, en verdad, lleno de este campo vivo y creativo que impregna y sustenta toda la creación. Lo que nos parece un vacío inmenso y una oscuridad fría es, en realidad, el lugar más vibrante y pleno de todos, pues allí reside el potencial puro del que emergen sin cesar todas las estrellas, todos los mundos y todos los seres.

El universo material

Nebulosa cósmica colorida como imagen del universo material en devenir y desaparecer. Pero ¿qué hay del universo físico y material? ¿Quién lo creó y ha existido siempre? La respuesta es que el universo material ciertamente tuvo un origen. Los universos materiales siguen el principio hermético del ritmo y la vibración y, finalmente, llegan a su fin. Un universo surge, se expande a una velocidad vertiginosa y, con el tiempo, colapsa sobre sí mismo: un mecanismo natural que todo universo experimenta en el gran ciclo cósmico. Cabe señalar también que no existe un único universo; al contrario, existen infinitos universos, cada uno limitando con el siguiente. Por esta razón, también existen infinitas galaxias, sistemas solares, planetas y formas de vida. Los límites reales no existen, salvo en nuestra mente; son límites autoimpuestos que nublan nuestra imaginación. Así, aunque el universo material individual es finito, se encuentra inmerso en el espacio infinito y eterno de la conciencia.

El universo como pensamiento realizado de Dios

El universo material no es, por lo tanto, otra cosa que una expresión de la conciencia, esencialmente un único pensamiento realizado que surgió de la fuente divina. Precisamente por eso, Dios no es una personalidad física en el sentido convencional. Más bien, Dios es una conciencia omnipresente que se individualiza a través de innumerables encarnaciones y, de este modo, se experimenta a sí misma en todas las facetas imaginables. Desde esta perspectiva, también queda claro que Dios no es responsable del caos creado conscientemente en nuestro planeta. Este caos es únicamente el resultado de las acciones energéticamente densas de aquellos que han alimentado y legitimado la guerra, la codicia y otras ambiciones mezquinas en sus propias mentes. Del mismo modo, la fuente divina no puede simplemente acabar con el sufrimiento en este mundo desde fuera, pues solo nosotros, los humanos, somos capaces de hacerlo, creando un mundo más luminoso con la ayuda de nuestra conciencia creativa.

Lo que este conocimiento significa para nuestras vidas

Esta comprensión es de inmensa importancia, pues nos libera de nuestra condición de criaturas indefensas y nos restituye la dignidad de cocreadores. Cuando entendemos que la misma conciencia que da origen a universos enteros también habita en nuestro interior como una chispa divina, reconocemos el poder inconmensurable que reside en nosotros. No estamos destinados a esperar una intervención salvadora externa, sino que nosotros mismos somos las manos a través de las cuales el espíritu divino se manifiesta en este mundo. Al purificar nuestra mente, al cultivar el amor en lugar del miedo, la paz en lugar del conflicto y la luz en lugar de la densidad en nuestro interior, contribuimos directamente a la transformación del todo. Quienquiera que ponga en práctica este conocimiento lo encontrará también en una contemplación más profunda de... siete dimensiones cósmicas de la creación Una vez más, en el que se despliega todo el plan del ser.

palabras de cierre

El universo no fue creado por una entidad externa y distante, sino que es una expresión eterna de la conciencia única y omniabarcante que se origina y se experimenta en infinita abundancia. Y dado que esta fuente divina también reside en nuestro interior, estamos inextricablemente conectados con todo el cosmos y llevamos su poder creativo dentro de nosotros. Todo siempre comienza en nuestro interior, en nuestra mente; nunca lo olvides. Con esto en mente, mantente sano, satisfecho y vive una vida en armonía. 🙂

¡Hola!

Todas las realidades están integradas en el Ser sagrado de cada uno. El Ser es el fundamento divino, la fuente, el camino, la verdad y la vida. Todo es uno, y uno es todo. – ¡La más elevada autoimagen!

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